Entradas

Amor sacro y amor profano, Miguel Postigo

Ella es lo etéreo, el alma, el sentimiento sutil, la delicada inteligencia, el callado fluir de la conciencia, el amor, el dolor y el pensamiento. Pero es también la carne, y los olores, y la sangre menstrual, y las riadas del cuerpo, y las palabras jadeadas en la fiebre del coito, y los sudores, y los senos, y el vientre, y la negrura que oculta entre los muslos la fisura que es fuente de placer y de la vida. Carnal, tumultuosa, arrebatada y celeste, intangible, indefinida. El animal y el dios. Ésa es mi amada.

Roberto Juarroz

Callar puede ser una música, una melodía diferente, que se borda con hilos de ausencia sobre el revés de un extraño tejido. La imaginación es la verdadera historia del mundo. La luz presiona hacia abajo. La vida se derrama de pronto por un hilo suelto. Callar puede ser una música o también el vacío ya que hablar es taparlo. O callar puede ser tal vez la música del vacío.

Jose Luis Piquero

Raquel (2) RAQUEL Raquel, ¿qué te ha pasado por la cabeza? Puede que una de esas canciones de niños, tralará, o quizá algo que no dijiste a tiempo y que ahora no recuerdas. Cosas que ponen triste. La tristeza, la Puta, se te ha prendido en las mejillas como una araña. Yo prefiero pensar en ti bailando, en mi casa, no hace mucho de eso, y te aseguro que tu sonrisa era la más bonita de la tierra. Parecías un vaso o una fruta hacia los que se alarga lentamente la mano: algo para aprenderse de memoria. Y sin embargo aquel no era tu sitio, ahora lo sé, en esa desdichada felicidad de quienes lo dan todo y nunca hacen preguntas. Raquel, eras un ángel que follaba y bailaba y bebía cerveza pero los hombres nunca te han tratado muy bien. Lámete esas heridas, nenita, cógeme el teléfono. El veneno del mundo te ha mojado los labios. Sé sencilla. Todos los hombres te desean pero qué flores tan extrañas, ¿no es verdad? Tú y yo sabemos tres o cuatro cosas que dan para v...

Victor Peña Dacosta

Antirretrato No soy nada: apenas lo que aparento y, a veces, ni tan siquiera eso: pura fachada sin sustancia de esporádico escritor sin talento que levanta sus días con gomina, se calza la cara de ir al trabajo, bebe un poco y toma alguna pastilla para paliar pequeños dolores cotidianos. Soy lo que soy: apenas algo, una mancha que se oculta a las sombras, un borracho que lee de vez en cuando. Un tonto más entre tantos que siguen con emoción la Liga y frialdad el telediario. Otro hombre de mediana edad temprana que hace tiempo emprendió la cuesta abajo. No soy casi: insisto, existo si acaso. Ya ni Facebook se altera con mis golpes de estado. -- Si esto es un hombre Yo siempre he sido el niño que se aguanta la risa en el segundo banco de la iglesia antes de engullir la hostia consagrada. Un subdelegado votado medio en broma que reclama imparcialidad ante los exámenes. Siempre he sido la mancha en la pared con complejo de rueda de repuesto. El bufón ...

Yo son única, OK... pero soy todas las mujeres

Imagen

Las cuatro de la madrugada - Wislawa Szymborska

LAS CUATRO DE LA MADRUGADA Hora de la noche al día. Hora de un costado al otro. Hora para treintañeros. Hora acicalada para el canto del gallo. Hora en que la tierra niega nuestros nombres, Hora en que el viento sopla desde los astros extintos. Hora de y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada. Hora vacía. Sorda, estéril. Fondo de todas las horas. Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada. Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada, habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco, si es que tenemos que seguir viviendo. Wisława Szymborska,

Jorge Debravo - Prevalecer

Cuando el cielo os absorba las entrañas y quiera avergonzaros comparándose con el cielo animal de la mirada, volved los ojos hacia la infinitud que lleváis escondida debajo de los párpados. Volved los ojos hacia los ojos mismos. Con eso basta. Y cuando el viento os quiera avergonzar comparando sus manos infinitas con vuestras dos sencillas, tiernas manos, hundid las manos en el amor, echadlas a madurar en pura sangre humana. Echad las manos entre las manos mismas. Con eso basta. Jorge Debravo  (1938-1967) Costa Rica.