Hoy - Jesús Hermida González

 HOY


Hoy, como gustar, no me gustó nada.

Parece como si el alma se repartiera

entre dos orillas de un río revuelto.

Que ya no se conocen a mitad de camino

después de haber nacido juntos, agua y orilla.

Me resulta difícil decirme, nombrarme a mí mismo

en medio de este caos de nubes  y soles a rachas.

Esas nubes que avecinan engorde para el río

y negros presagios para tierra firme.


Y en mis orillas nacen frutales desesperados

para una hambruna que me fustiga cada día,

y tapan mis ojos espuelas de tiempo y fecha

y no veo mas que orilla sobre orilla y orilla punzante.


Parezco una metáfora amarga que se retrasa

en su explicación, y así, con voluntad tullida,

voy torpe y confuso de opinión en opinión

como un tertuliano desorientado y aglomerado en silencios.


Casi no noto en mí lo verdadero de lo falso

y la viceversa que se versa en su propio contenido.

Están los diccionarios almacenados, apilados, como pasajeros

acribillados a preguntas a la puerta de mi cueva.


Asomo los ojos a los cristales de mi escuela

y encuentro a un niño que me mira confundido,

y veo paisajes que eran más sueños que la realidad

que me achata las evidencias de este calendario crecido.


Existen días en que me exteriorizo con abandono

y con malentendidos que no son sino humos

de presagios que azotan el pupitre de mi memoria.


Y así, constantemente y con insistencia suicida

circulan mis instintos por los cementerios de la esperanza.


Me harto a remendar los bolsillos rotos de mi alma,

zurcido sobre zurcido y mis dedos en su fuerza

crean callos de dolor que impiden restaurarse.


Espero que mañana me aprecie un poco más.

Que los contrastes de mi cueva tengan argumentos

que absorban este vagar continuo y desorientado,

este perder mis monedas de cambio para el destino.


Jesús Hermida González


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